lunes, 29 de noviembre de 2010

Coronel

A Iván

Me mereces, desde que te vi
un sinfín de halagos venturosos
una madeja de respetos que se sobreponen.

Tienes esa singularidad
de parate en tus dos pies cuando te paras
de echar fuego por la boca  -sin apenas abrirla-
y abrasar en un momento
cualquier rebelión impía 

Llevas la soberbia sobre los anchos hombros
y bajo el mentón

A cada uno de tus costados
penden seis centímetros 
de seguridad amurallada

En cada palmo de tu cuerpo
amenaza una guerra sin tregua
trinchera sobre trinchera
y no hay dónde resguardarse 

Exhalas desde los pulmones
el secreto amargo de tu superioridad  -secreto a voces-
como un humo venenoso
que tú también te tragarás

Mientras yo soy una bala perdida
un soldado que olvidó el fusil
Sólo un niño, frente a su coronel.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Esas

Hablas de aquellas mujeres
casi sin levantar la mirada
en un intento de ocultar
el nuevo fulgor de tus ojos

Hablas de ellas con los labios apretados
para que la admiración  -o tal vez el deseo-
salga sólo a cuentagotas, de diez a dos

Hablas de esas
para no estallar de culpa,
no reventar

Esa forma en que describes
sus largas piernas de manecillas opuestas
que siempre marcan la misma hora.

Hablas con aires mustios
de quien sonríe sin mostrar los dientes.
Llevas en la boca
el triste acento de la frustración
y el tono tambaleante en la voz
del que quiere reafirmarse en la duda.

No me amenaces con tus retazos
de presunciones mal cosidas
y tampoco me demuestres
lo mucho que podría perder si te perdiera

De sobra sé
que de ellas sólo hablas
que con ellas sólo hablas

Lo que ignoro es la intención
de tu sinceridad arrolladora
de tus confeciones lacerantes.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Un mundo sin novelas bis


Mi primer ensayo. Basado en el ensayo "Un mundo son novelas" de Mario Vargas Llosa

Tú que tienes estas hojas a unos palmos de la nariz, que persigues letras con la mirada de un lado a otro de la página, tómate un momento para reflexionar conmigo, y dime ¿Qué sería del mundo si la literatura hubiese desaparecido en algún momento de la historia? ¿O si jamás se hubieran dado las condiciones exactas para su concepción? Dime, ¿Qué hubiera sido de ti, lector? ¿En cuántas actividades productivas o estériles habrías invertido ese valioso tiempo del que la literatura se apropió? No alcanzo vislumbrar la existencia de un artilugio que pudiera navegar bajo el agua, si acaso Julio Verne no hubiera ideado primero una máquina tan fantástica, y a su enigmático capitán. Así como tampoco puedo escuchar el nombre de Penélope sin dibujar en mi pensamiento la silueta de una mujer intachable, de un tejido interminable.
La literatura evoca en nuestras vidas una intertextualidad, con esto me refiero a que nos da la oportunidad de, a cada momento, relacionar nuestras experiencias con los textos de los que nos hemos nutrido ¿Qué lector asiduo no rastrea en un hombre enamorado la imprudencia de un impulsivo Heatcliff? Nos trae al alcance de la mano cientos, miles de ejemplos y circunstancias diferentes con las que podemos comparar nuestra propia realidad, y con un poco de esfuerzo, mejorarla. Reflexionamos -en el caso de la novela-  al lado del protagonista, y nos dejamos envolver por su existencia para, a partir de ella, obtener un nuevo tabique que integrar a la construcción de un criterio más amplio y un alma más humana.
Nos conocemos, y reconocemos en las letras. Me pregunto qué habría sido de la afamada Helen Keller, de no haber podido expresar con sus textos la luz que encontró en su oscuridad; y cuánto se habría perdido al no redactarse, nunca, tan particular punto de vista. Gracias a esto sabes que alguna vez, en algún momento, una persona tuvo tu mismo ritmo cardiaco al acercarse un beso, o tu mismo miedo al sueño eterno. Te miras en el otro y descubres que, en realidad, perteneces al género humano, y más que eso, mediante las letras eres capaz de identificar en sus características buenas y malas, la naturaleza del ser humano, y así, tus propios motivos.
Exponiendo la supuesta ausencia de literatura de una forma más banal, también podemos aludir perfectamente a la función ortográfica. Aquella persona que destina largas horas de su vida en comerse de principio a fin los libros, le enseña mejor a sus ojos las reglas ortográficas que cinco planas diarias del uso de la V.
Además, no podemos dejar de lado que uno de sus principales fines es el de entretener. Muchas veces se ha menospreciado la diversión, y se le ha negado como un propósito válido y útil. Sin embargo, no parece haber una cantidad considerable de formas de esparcimiento que compitan en beneficios con un buen libro. ¿Cuántas veces en la vida se podrá gozar de una expedición en altamar, para dar alcance a un cachalote infernal, en compañía de un capitán loco, sin riesgo de perder la vida? Sin Moby-Dick en el buró, dudo que una sola. No hay aventura digna de vivirse que no pueda ser hallada entre dos pastas.
Debemos dar cabida, también y sin lugar a dudas, al proceso imaginativo tanto del autor, como del lector. ¡Qué procedimiento tan impresionante! ¿De dónde es que surge el torrente de acciones, la variabilidad y la profundidad de los personajes? Si la literatura fuera un producto inexistente, qué hubiera sido de todas aquellas historias, si de ninguna forma se les puede reducir a simples anécdotas orales sin extirparles su esencia magnífica. La imaginación se vería opacada por la escasez de detalles, o por las extensas lagunas que deja la escena de cualquier película. Quizá podrían sustituirse las emociones cruzadas del coronel cuando nadie le escribe, por una melodía interpretada en tutela de una orquesta destacada, pero incluso así, sería un triste reemplazo.
La literatura no es un medio de comunicación como cualquier otro: se interna en el individuo, se apropia de él, lo hace suyo. Llega un punto en que el lector interactúa con el texto: completa frases, compra emociones, hasta redacta finales incompletos. A pesar de las distintas formas de arte que existen y de la innegable capacidad que le brindan al autor para expresarse, las palabras van a lo más hondo, y conviven con el receptor en su rutina, muchas veces hasta al baño lo acompañan. Eso les da, invariablemente, un giro más íntimo.
Este sentido artístico, también, puede encaminarse hacia la crítica social, misma que al manifestarse de una forma más burda, heriría al receptor  con su crudeza y en lugar de invitar la introspección, incitaría a esquivar la problemática. La literatura encara las diferencias sociales, la discriminación, el mal gobierno, y derrite las vigas de lo que juzgamos como conducta moral. Pero a todo esto le da un tratamiento progresivo, lo lleva por el cauce de la connotación, de tal forma que el lector, cuando menos se da cuenta, se ha convertido en un niño de tres años con la boca rebosante de “por que’s”. Cuando uno se sienta en su confortable sillón a leer el diario de una adolescente que -junto con su familia- pasó encerrada casi dos años en un “anexo secreto” para evitar formar parte de los muertos de uno de los genocidios más vastos de nuestra historia; surgen preguntas sobre el funcionamiento de nuestra entidad social, las deficiencias que tuvo y tiene, y sobre todo, las colosales consecuencias que se desprenden de los prejuicios colectivos.
No voy a ser tan absolutista y engreída para afirmar que la literatura, la palabra escrita, es la forma de expresión más exacta y entrañable… pero casi. Con la palabra se define lo indefinible, se habla de lo desconocido, ni siquiera la oralidad que viene a ser el origen de la escritura, se le puede equiparar en precisión y raciocinio. Es el pensamiento que se plasma. La abstracción que se consiguió micrófono.
¿No te parecería, lector, una aberración, un hueco en el corazón humano, una ausencia incurable, que la literatura no se hubiera dado forma? Creo firmemente que inherente al hombre viene la creatividad, y por lo tanto también la literatura; no obstante, si pudiera presentarse la posibilidad de su deserción, tu no estarías leyendo esto, y Rayuela, sería solamente un juego de niños ¿No te parece eso, simplemente pavoroso?

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Frases

  • Odio cuando un hombre me mira con disímulo, y luego se hace el despistado. Pero odio más cuando, al afrontarlo, me sostiene la mirada... ¡El muy cínico!
  • Duermo siempre de día, no sea que la oscuridad de la noche me espante el sueño. 
  • Cuando muera, me tomaré la libertad de hacerlo despacio. Sólo se muere una vez ¿Quién soy yo para desperdiciar el momento?
  • Lo más terrible del insomnio es que llega justo cuando empezaba a darme sueño. 
  • Dicen: "No intentes entender a una mujer, sólo ámala". Pero el verdadero problema con los hombres es que, ni nos entienden, ni nos aman.

Muerte: 23 enero 2008

Tomé las ocho píldoras que se me habían caido, y me las metí todas a la boca.
El sabor amargo penetró en mi lengua mientras tomaba el vaso de agua. Le dí dos tragos.
Lágrimas comenzaron a caer de mi ojos aunque yo no las sentía.
No quería sentir ni pensar,y aún así lo hacía. Me senté junto a la cama, en el piso, y abracé mi rodillas, juntándolas a mi cuerpo.
Meciéndome adelante y atrás con lentitud recordé cuando mi mamá me arrullaba entre sus brazos, ni siquiera cuando cumplí los 20 dejó de hacerlo. Siempre me consoló cuando hizo falta. Excepto ahora.
Empecé a perder la fuerza, y por másque aferraba mis manos alrededor de mis piernas, el desguance aflojaba los músculos.
La pared me detuvo y quedé a ras del suelo.
"Soy un fiedo herbido" pensé haciendo un gran esfuerzo, todo parecía tan irrelevante ahora.
¿Es que alguna vez olvidé tomarme las cosas  en serio?  

Comenzando

Vamos a experimentar con un poco de tecnología, a escribir para los que leen y para los que no; para el silencio que quiero acallar. En general escribo poesía, cuento (alguna que otra vez) y ojalá algún día novela. Pero aquí subiré aquellas cosas no muy elaboradas que se me vengan a la mente... NOTAS, para ser más precisa. 
Cualquier comentario es bien recibido, sólo no me destrocen mucho.

Gracias por leer!!

Patria

Hay en cada rincón de tu cuerpo,
 un sentido abstracto de hospitalidad.
 Un pedazo intangible de mi tierra.

Eres la patria a la que pertenezco,
el hogar al que siempre volveré.

Inconsciente

Eres un inconsciente,
un  perfecto que derrocha sonrisas.
Un ajeno entre locos.
Un estúpido que lo sabe todo. Un catrín.

¿Cuándo es que te convertiste en la Madre Teresa?
¿cuánto tiempo llevas, ayudando leprosos como yo?
¿Te diviertes?

Eres sordo. Justo como un vidrio: transpartente de tan limpio,
chirriante de tan limpio.

Te estas conviertiendo
en una de esas paredes a las que tanto temo.
Esas contra las que tropiezo, cuando busco un no sé qué.