sábado, 22 de enero de 2011

Carta


A quien corresponda:

En realidad no suelo escribir cartas, no es una de mis buenas costumbres, ni tampoco un acto de cortesía si usted. Muy por el contrario, porque lo que usted hizo deja la concepción de barbaridad muy por debajo de los estándares con los que se podría designar tal comportamiento.

No crea que soy uno de esos fatalistas, que lloran y se desviven en reclamos por, no sé... un par de zapatos por ejemplo, no señor, pero mire que cambiarme al muerto.

Yo entiendo que su trabajo no es el mejor referente de sencillez, pero ¡por el amor del cielo! No es un servicio de paquetería express.

Pocas veces he visto a la tía Gertrudis tan destrozada. Tener a su marido años fuera del país, para que cuando regrese lo haga con los pies por delante, y encima, cuando quiere darle santa sepultura, resulta que hubo una "pequeña equivocación", "mil disculpas".

La forma en que sucedió todo fue de por sí dramática, pero debo admitir que en eso usted no tuvo nada que ver. Que la tía Gertrudis quisiera darle a su esposo un último adiós y en su lugar se encontrará una vieja regordeta, y fuera precisamente mi tía la que descubriera tal confusión, bueno, eso no estaba exactamente en sus manos, ni eso, ni el ataque de asma que le sobrevino después a la pobre mujer. ¡Vaya pesadilla!

Ahí nos tiene mi hermano y a mí, con un teléfono en cada mano, llamando a cualquier cantidad de gente para averiguar qué había sido del desdichado tío. No dejo de pensar también, las penurias que habrá pasado la familia de la vieja desconocida a la que, por supuesto,  se le dedicó una novena. Al menos tuvimos a quién rezarle en el velorio.

Espero que ahora entienda lo tan terrible que resultó su "pequeña equivocación", la cual dista mucho de ser pequeña, puesto que hasta la fecha, seguimos sin localizar a nuestro difunto, que en paz descanse.

Sin espera de respuesta, quedo de usted.
XXXXX

domingo, 16 de enero de 2011

Contraportada


Tarea escolar. Realizar la contraportada de mi libro favorito: Seda, de Alessandro Barrico. 


Sujete bien este pequeño libro, querido lector. No lo suelte. Tiene entre sus manos un fragmento de la vida de unos cuantos, pero ese fragmento, se lo aseguro, puede darle un gran vuelco a su capacidad de asombro.
Este es un libro para los pacientes, para los que duermen y creen estar despiertos. Para los que buscan un amor, y para los que lo han encontrado. Para los silencios.
Seda es uno de esos libros poco comunes donde la narración es el remitente perfecto a una realidad donde lo esencial sucede en primer plano, y donde la vida diaria no es más que la tímida fachada de una casa más grande.

Alessandro Barrico (1958) Novelista, dramaturgo y periodista italiano. Es autor de novelas como Tierras de cristal (1991), Océano mar (1993), City (1999) entre otros. Fundador de la escuela Molden de “técnicas de escritura”. Baricco se ha consagrado como uno de los principales escritores italianos de los últimos tiempos.

domingo, 9 de enero de 2011

Alas


A Rocko
Te sostienes sobre cuatro pilares
de vaguedad innata
ininterrumpida.
En un eterno aura de suspenso

Dejas por la mañana
 dormida en la cama tu sonrisa,
ella descansa por ti los esfuerzos.

Cargas en la espalda
el murmullo de dos secretos
ese, que forma parte de tu misticismo incauto
y el que forma parte
                de mi palpitar irreflexivo
                de mi conciencia represiva

La fuerza se te ajusta al cuerpo
                A la mandíbula
                A los brazos

Eres la voz  rasposa y aburrida
la mirada ligera, inquieta y desordenada
el pozo al que caí sin darme cuenta

Llevo clavadas en el morbo
las tres manecillas del reloj,
tres raíces de tanta espera

Eres tu nariz recta
                y el silencio incómodo

Se me figura a veces
que en lugar de ojos
tienes dos carbones encendidos

Y en lugar de brazos,
                alas.

martes, 4 de enero de 2011

¿Cómo leer un poema?



Cuando, de pronto e inesperadamente, alguien cerca de nosotros pronuncia la palabra “poesía”, inmediatamente se viene a nuestras cabezas una cadena de pensamientos que seguramente trae entre ellos a Shakespeare, el amor, la intelectualidad y la cursilería, y si no me equivoco, a esta cadena la sustituye un sentimiento general de de asco ante la miel y las innumerables tonterías que  se desprenden de dos enamorados. “La poesía es para cursis o intelectuales”, concluyen sin ninguna otra reflexión.

Pues no puede haber una conclusión tan atropellada y falsa. Es cierto, y admito, que leer poesía no resulta una tarea fácil, pero cualquiera puede llegar a dominarlo. Como para cualquier actividad, para la lectura hay cosas que deben hacerse y cosas que ni por error.
Si realmente quieres entender un poema ¡Pon atención! Es el primer paso. No puedes estar contestando el teléfono, ni cocinando, ni ocupando tu cerebro en veinte cosas que pretendes hacer al mismo tiempo, y antes de que lo pienses: absolutamente no puedes estar viendo la televisión mientras lees.

Cuando lees un poema debes soplar tu intimidad hasta formar una burbuja, y encerrarte ahí. Bastará una punta afilada para romperla, pero te será muy útil para concentrarte. Si estás empezando con esto de leer poesía, busca de preferencia lugares apartados del ruido y de la gente, cuando ya tengas más experiencia, será más sencillo para ti sacar tu burbuja y aislarte casi en cualquier lugar.

En un poema cada palabra es importante, qué digo importante… ¡Importantísima! Hay autores que piensan durante horas qué palabra quedaría mejor en el espacio vacío de su poema, todo para que tú, en un dos por tres, termines de leerlo y encima digas que no te gustó. Dales tiempo a las palabras, estúdialas. ¿Por qué sería que el autor eligió esa palabra entre tantas otras que existen? ¿Qué encontró en ella que no vio en las demás?

Apuesto a que todos entenderíamos más la poesía si supiéramos ver en las palabras la perfección de la exactitud. Tomemos como ejemplo un famoso poema de Pablo Neruda que dice en su primer verso: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”, ahora cambiemos el adjetivo tristes por diferentes sinónimos; algo así como “Puedo escribir los versos más afligidos esta noche” o “Puedo escribir los versos más abatidos”, o incluso “los versos más dolientes” ¿Verdad que no es lo mismo? ¿No crees que la palabra tristes suena mejor que todos sus sinónimos? Y ¿no crees que el autor reflexionó todo esto antes de escribir? ¡Claro que lo hizo! con cada palabra, cada expresión, cada imagen y cada espacio. Lo menos que podemos hacer es valorar el esfuerzo y leer con la misma determinación.

Un poeta es un arquitecto, cada clavo, escalón y ladrillo, fue escogido especialmente para formar la torre más hermosa, más firme.

También es necesario, no sólo que la aprecies, sino que te sumerjas en la atmósfera del poema ¿A qué me refiero con esto? Prende el switch de tus sentidos y de tu imaginación. Si Cortázar te dice “Toco tu boca, con mi dedo toco tu boca” no sólo pases los ojos sobre el verso sin pena ni gloria, sino haz un esfuerzo por sentir ese dedo que acaricia tus labios, con amor, con ternura o con deseo. Dibuja una escena en tu mente que se relacione con el dedo, con la boca, y con la sensualidad que esta oración emite. Pinta por dentro tu burbuja de la intimidad, dale textura y olor, sonido y temperatura. Permite que el poema te envuelva.

De igual forma es conveniente, por no decir indispensable y fascinante, dedicarle varias releidas al poema. Al leer  poesía entras en un ámbito muy personal del autor, sea cual sea el tema que se aborde, la perspectiva casi siempre es muy individual, por lo que no es tan simple entender el sentido de lo que leemos. Si es posible realizar la lectura en voz alta, y digo “si es posible” porque no te quiero ver en el transporte público leyéndole “Táctica y estrategia” al perplejo conductor... muy seguramente se enamoraría de ti. Pero volvamos a la lectura en voz alta. Dale entonación y tiempo, pero no como cuando ibas en la primaria y participabas en declamación, sino solamente siguiendo los puntos y comas, y  con un ritmo propio del sentimiento, con esto me refiero al sentimiento que te evoque el poema.
 No intentes impresionar a nadie con tu buena lectura poética, sólo lee para ti mismo.

Un punto que es de suma importancia por muy tonto que parezca, es hacer hincapié en la connotación, es decir, lo que se lee en un poema casi nunca se debe tomar literalmente. Es como si al leer el poema Amor Amor de Gabriela Mistral , en la parte que dice “habla lengua de ave” me imagino una persona que, al abrir la boca, tiene en lugar de lengua un pequeño pajarito atado entre los dientes ¡Qué cosa tan extraña e ilógica sería aquella!

 A lo que la autora hace referencia es, posiblemente, a que desea poseer la libertad para decir algo. Las aves vuelan, el valor es símbolo de libertad, por lo tanto una lengua de ave es una lengua libre. O también puede ser que esté haciendo referencia  al canto de un pájaro, al trino, es decir que quisiera decir cosas dulces y agradables como trinos de pájaro. Lo que definitivamente la autora no quiso decir, es que pretenda, algún día, llevar un montoncito de plumas en lugar de lengua. Sería, sin lugar a dudas, demasiado incómodo.

Leer poesía, una vez que se le ha agarrado el modo, es uno de los grandes placeres a los que uno se puede someter. Tomar nociones como la muerte, el amor, el miedo, para darles cara y una identidad. Nombrar lo innombrable, y hacerlo con la mayor exactitud, con la palabra idónea que parece haber sido creada sólo para llenar ese hueco en el verso.

No, la poesía no es sólo para cursis e intelectuales, la poesía puede ser para ti, si le das la oportunidad.