A Iván
Me mereces, desde que te vi
un sinfín de halagos venturosos
una madeja de respetos que se sobreponen.
Tienes esa singularidad
de parate en tus dos pies cuando te paras
de echar fuego por la boca -sin apenas abrirla-
y abrasar en un momento
cualquier rebelión impía
Llevas la soberbia sobre los anchos hombros
y bajo el mentón
A cada uno de tus costados
penden seis centímetros
de seguridad amurallada
En cada palmo de tu cuerpo
amenaza una guerra sin tregua
trinchera sobre trinchera
y no hay dónde resguardarse
Exhalas desde los pulmones
el secreto amargo de tu superioridad -secreto a voces-
como un humo venenoso
que tú también te tragarás
Mientras yo soy una bala perdida
un soldado que olvidó el fusil
Sólo un niño, frente a su coronel.
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