Hablas de aquellas mujeres
casi sin levantar la mirada
en un intento de ocultar
el nuevo fulgor de tus ojos
Hablas de ellas con los labios apretados
para que la admiración -o tal vez el deseo-
salga sólo a cuentagotas, de diez a dos
Hablas de esas
para no estallar de culpa,
no reventar
Esa forma en que describes
sus largas piernas de manecillas opuestas
que siempre marcan la misma hora.
Hablas con aires mustios
de quien sonríe sin mostrar los dientes.
Llevas en la boca
el triste acento de la frustración
y el tono tambaleante en la voz
del que quiere reafirmarse en la duda.
No me amenaces con tus retazos
de presunciones mal cosidas
y tampoco me demuestres
lo mucho que podría perder si te perdiera
De sobra sé
que de ellas sólo hablas
que con ellas sólo hablas
Lo que ignoro es la intención
de tu sinceridad arrolladora
de tus confeciones lacerantes.
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